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Caricia de madre

Ella llama Ángeles cada día que me acurrucan con sus palabras y con sus ruegos

Finalmente por más que me costaba le di a conocer a Ella mis derrotas. Mis duelos. Mis angustias, mis desesperanzas, mis desconsuelos…

Y en mi afán vano de sostener algún equilibrio le he confesado mis sueños, mis más profundos anhelos, mis gastados sentimientos… mis infructuosos esfuerzos… los padecimientos de un corazón abierto que no halla su cielo…
Ella ha esperado mucho por mi aceptación… una madre padeciendo la desdicha de un hijo que se ha negado tanto tiempo a descansar a su cobijo, en su regazo tierno. Pero esta madre sabe esperar incluso con quienes somos ingratos, esquivos, y temerosos del amor de su seno.

Ella debe clamar por mi alma solitaria y callada en un mundo donde para la vida parece no haber tiempo… Aromas a flores puras incluso en invierno… en mis ojos los rosales de un octubre tan incierto.

Ella llama ángeles cada día que me acurrucan con sus palabras y con sus ruegos… y por momentos esas oraciones me hallan feliz observando el mundo sonriendo sin saber bien a que se deba eso… Así su caricia de madre me ayuda a contemplar todo lo bello… y me repite en mis pensamientos que sólo el amor es el camino verdadero. Y allá voy mirando con esos ojos que ella me presta para sentirme vivo de nuevo.

Y con suavidad me abraza para que no me rinda en este camino difícil de dar mi alma por entero… y su compañía enciende frente a mis pasos tantas veces cansados y resignados estrellas de esperanzas.

Me apena que este hombre poco lúcido que soy no llegue a sentir que le alcance con todo eso. 

Siempre corriendo detrás de algún ensueño que pueda abrirse donde comenzar todo otra vez con alegría, con pureza, con los ojos del amor, que serían mi único consuelo…

Marcelo 7 de octubre de 2016 

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